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No al desperdicio alimentario: ¿qué es «fecha de consumo preferente»?

El desperdicio alimentario es un problema global que, lamentablemente, ha aumentado en los últimos años. Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en 2018 tiramos en torno a 1.340 millones de kilos de comida y bebida. Por otro lado, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) recuerda que una cuarta parte de la población en situación de pobreza podría alimentarse con lo que tiran los hogares, supermercados y restaurantes europeos. ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros, a nivel individual? Vamos a verlo.

La gestión de la compra es parte de la solución

Planificar el menú semanal, y la compra, puede ayudarnos a reducir lo que acaba en la basura. Al mismo tiempo, organizar la despensa y disponer siempre de alimentos poco perecederos, como es el caso de las legumbres cocidas, también ayuda a la correcta gestión de la compra. Otra cuestión muy importante es saber diferenciar correctamente cuándo debemos deshacernos de un alimento, y cuándo no.

¿Cuándo debemos tirar un producto a la basura? Las fechas de consumo preferente y de caducidad son indicadores que nos pueden ayudar. Existen detalles y trucos para reducir el desperdicio alimentario día tras día, ¡porque cada gesto suma!

Fecha de caducidad y fecha de consumo preferente, ¿en qué se diferencian?

Actualmente la gran mayoría de los productos alimentarios que adquirimos deben llevar en su etiquetado la información sobre su fecha de caducidad, o de consumo preferente. Los alimentos se deterioran y pierden sus propiedades organolépticas con el paso del tiempo. Pero en algunos casos esta pérdida no supone un peligro para el consumidor. Para ello necesitamos conocer la diferencia que existe entre fecha de caducidad y fecha de consumo preferente.

  • La fecha de caducidad se utiliza para productos muy perecederos desde el punto de vista microbiológico. Su durabilidad es muy corta y pueden contener bacterias patógenas. Este sería el ejemplo de las carnes o pescado frescos.

La fecha de caducidad suele venir indicada en día, mes y año, e indica a partir de cuándo un alimento deja de ser seguro para el consumo.

  • La fecha de consumo preferente, en cambio, la podemos encontrar en productos más duraderos como, por ejemplo:
  • Deshidratados, como sopas o frutos secos.
  • Con un bajo contenido en agua, como cereales o pasta.
  • Alimentos esterilizados como la leche o las conservas de vegetales

En estos casos, nos indica la fecha hasta la cual el producto mantiene sus propiedades sin perder calidad (textura, sabor, aromas…). El alimento puede seguir siendo seguro una vez pasada la fecha de «consumo preferente», siempre que se respeten las instrucciones de conservación, y su envase no esté dañado.

En definitiva, la fecha de caducidad hace referencia al momento hasta el cual el alimento puede comerse de forma segura, y la de consumo preferente sería la fecha límite para mantener la calidad del producto. Por lo tanto, no deberíamos consumir un alimento que ha superado su fecha de caducidad, pero sí podemos consumir uno que haya superado su fecha de consumo preferente siempre que se haya mantenido intacto el envase y en buenas condiciones de almacenamiento.

 Tips para reducir el desperdicio alimentario

Incorporando pequeños cambios a nuestras rutinas, podemos reducir la cantidad de alimentos que acaban en la basura. ¡Te contamos algunos!

  • Planifica el menú. Reducir el despilfarro empieza por comprar lo imprescindible para las comidas de la semana. Saber con antelación qué vamos a cocinar nos permite hacer una compra responsable.
  • Practica el Batch Cooking. Tal como te enseñábamos en este artículo, se trata de una práctica que nos permite ahorrar tiempo y dinero, mientras comemos sano. Invertir unas horas en cocinar para toda (o casi toda) la semana, nos ayuda a reducir el desperdicio alimentario.
  • Congela lo que no vayas a consumir. Esta es, sin duda, otra manera de conservación contra el desperdicio alimentario. Si a pesar de haber gestionado tu compra tienes en tu nevera algún alimento a punto de caducar, cocínalo o prepáralo tal y como tuvieras pensado y congélalo para comerlo más adelante. Pero ten en cuenta que en un congelado “casero”, diferente a la ultracongelación,  no en recomendable guardarlo más de 1 mes (porque aunque inocuos, pierden calidad).
  • Básicos que no pueden faltar en tu despensa. Tener a mano alimentos poco perecederos, puede ser otra de las herramientas útiles a la hora de gestionar el desperdicio alimentario. Es el caso, por ejemplo, de las legumbres cocidas envasadas. ¿Sabías que están consideradas como “un buen procesado”?. Acostúmbrate a buscar la fecha del alimento en función de tus planes culinarios
  • Conserva adecuadamente los alimentos. Organizar la nevera es importante para asegurar la durabilidad de la comida, así como para evitar contaminaciones cruzadas. Se recomienda, por ejemplo, mantener separados los alimentos cocinados de los crudos.
  • Practica el Sistema FIFO. “First in, first out”, que traducido sería: “lo primero que entra es lo primero que sale”.

¿Qué implicaciones tiene el desperdicio alimentario para el medio ambiente?

El problema del despilfarro alimentario tiene un impacto directo tanto para nuestro bolsillo como para el medio ambiente. Según el estudio “Save Food”, se calcula que la comida que tiramos en España supone un gasto medio de 250 euros anuales por persona.

Pero cuando hablamos del coste que supone el desperdicio no nos referimos solo a la economía, sino también al medio ambiente. La pérdida de recursos como el agua, superficie agrícola y energía para producir alimentos que finalmente tiramos, es una de las principales problemáticas con las que nos encontramos.

Como habrás podido comprobar, desperdiciar menos comida es más sencillo de lo que imaginamos. Incorporando pequeños hábitos en nuestro día a día podemos conseguir ser más respetuosos con el planeta y cuidar a la vez nuestro bolsillo.

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